27/09/2016

César Palacios González

En días pasados se se aprobó por diputados en comisiones la iniciativa que presentó la diputada federal Sylvana Beltrones para reformar diversas disposiciones de Ley General de Salud. Es incontrovertible que la Ley General de Salud necesita reformarse, y también lo es que una de las áreas que necesita con mayor urgencia ser revisada es el área de reproducción asistida. Sin embargo, la reforma aprobada presenta, al menos, tres problemas: (1) es clara y altamente discriminatoria, por ejemplo no se contemplan específicamente a las parejas del mismo sexo ni a las personas sin pareja; (2) las modificaciones son contradictorias entre ellas mismas; y (3) las modificaciones son tan vagas que terminan interfiriendo con el quehacer científico que no está de ninguna manera relacionado con la reproducción humana. En lo que sigue examino brevemente los problemas más obvios que tienen estas modificaciones propuestas.

Empecemos con el Artículo 71 Bis. La fracción primera de este artículo nos dice qué se entiende por un diagnóstico de infertilidad:

  1. Diagnóstico de la infertilidad: Procedimiento médico, de cuando menos un año de duración, mediante el cual un médico especializado en términos de las disposiciones que emita la Secretaría de Salud, determina que una pareja es incapaz de lograr un embarazo clínico después de un año o más de tener relaciones sexuales sin usar métodos anticonceptivos.

Uno no necesita haber cursado una licenciatura en medicina para darse cuenta que una mujer que en edad reproductiva perdió el útero por causa de un accidente es incapaz de quedar embarazada. Es completamente injusto, e ilógico, que una mujer en esa situación tenga que esperar un año para que se le diagnostique como infértil. Empezamos con el pie izquierdo.

El Artículo 71 Bis 1 nos dice que:

Previo a cualquier declaración de infertilidad, se deberá proveer a la pareja con problemas de procreación de un tratamiento durante al menos un año para lograr el embarazo clínico. Este tratamiento se llevará en los términos de las disposiciones generales que para tal efecto emita la Secretaría de Salud y deberá favorecer en todo momento el diagnóstico de las causas que impiden el embarazo.

Este artículo tiene los mismo problemas que la definición de infertilidad propuesta. Además de esto, no toma en cuenta a las parejas del mismo sexo pues por qué ellas deberían de esperar un año para tener acceso a la medicina reproductiva. Habrá que preguntarle a la diputada Beltrones qué tipo de tratamiento tiene en mente para ellas.

En lo que respecta a la maternidad subrogada el Artículo 71 Bis 11 dice que:

Deberá existir un vínculo de parentesco entre alguna de las dos personas de la pareja contratante y la mujer gestante y las tres partes del contrato deberán ser nacionales mexicanos.

Este artículo es claramente discriminatorio en contra de parejas que no tienen mujeres con capacidad reproductiva dentro de sus familiares. De igual manera discrimina en contra de parejas en las cuales uno de los integrantes es de nacionalidad extranjera, por ejemplo ella es canadiense y él es mexicano.

Si les parece que lo anterior es malo les recomiendo respirar profundo pues apenas vamos comenzando. El artículo que resulta más sorprendente es el Artículo 71 Bis 6. No sólo porque es el más restrictivo, sino porque invade otras áreas de la práctica médica y de la ciencia que de hecho no están relacionadas directamente con la reproducción humana asistida. Miren esta obra maestra de la legislación:

Artículo 71 Bis 6. Queda prohibido:

  1. Los implantes interespecie; (…)

III. La clonación y la ectogénesis; (…)

  1. La producción de híbridos o quimeras; (…)

Primero señalemos un problema terminológico grave de la reforma propuesta. Hasta la fecha ninguna técnica de reproducción asistida implanta un embrión. Los embriones se transfieren, que no es lo mismo a que se implanten. Esto me hace pensar que algún médico podría utilizar esta importante diferencia para ‘contravenir’ las modificaciones propuestas, en caso de que fueran aprobadas. Él podría argumentar en todas las situaciones que él no implantó ningún embrión, sino que transfirió embriones, lo cual no está prohibido por la ley. Este importante error terminológico nos hace preguntarnos si los legisladores olvidaron consultar a los expertos antes de proponer tan importantes cambios a la Ley General de Salud.

Ahora, la fracción primera del artículo dice que quedan prohibidos los implantes interespecíficos. Parece que la intención de la modificación es prohibir la transferencia de embriones humanos a animales no-humanos y la transferencia de embriones no-humanos a mujeres. Sin embargo esta fracción es problemática porque no se especifica qué tipos de transferencias interespecíficas quedan prohibidas. Si toda transferencia interespecífica está prohibida esto no sólo impacta la legislación sobre la reproducción humana asistida, sino que también afecta otras áreas del quehacer científico. Por ejemplo, la ley prohibiría ciertos esfuerzos para salvar especies en peligro de extinción que de hecho recurren a la transferencia de embriones entre diferentes especies: científicos españoles han tratado de de-extinguir al bucardo por medio de esta técnica.

La fracción tercera especifica que queda prohibida la clonación y la ectogénesis, así sin más. Supongo que por clonación se están refiriendo a la transferencia nuclear somática, método por el cual se produjo a la oveja Dolly. El problema con esta fracción es que no especifica si queda prohibida la clonación por motivos reproductivos y también aquella por motivos terapéuticos, o si sólo queda prohibida una de estas. Es más, la reforma ni siquiera especifica si sólo queda prohibida la clonación humana. Si entendemos que toda clonación esta prohibida entonces esto quiere decir que también llevar a cabo esta técnica en animales no-humanos está prohibido. Un golpe brutal a la ciencia biológica básica puesto que esta técnica se utiliza para investigar el proceso de desarrollo de las células madre, que luego pueden ser usadas en el desarrollo de órganos y tejidos. Cabe señalar que estas investigaciones en animales no-humanos son un escalón para luego tratar de desarrollar tejidos humanos, por ejemplo. La mala formulación de esta fracción impacta otras áreas de la ciencia que no competen a la reproducción humana asistida.

Sigamos, la fracción sexta dice que queda prohibida la producción de híbridos o quimeras. Un problema básico es que otra vez no se especifica si esto sólo aplica a casos humanos o si aplica a todo caso de hibridación y de creación de quimeras. Si de hecho aplica a todas las instancias, como implica la mala redacción, entonces esto quiere decir que está prohibido criar mulas, pues las mulas son híbridos que se producen cuando un burro se cruza con un yegua. ¿Se imaginan algo más ridículo que una ley en pleno siglo XXI que prohíbe que se produzcan mulas? Si, por el contrario, lo que se quiere prohibir es que un gameto humano fertilice o sea fertilizado por un gameto no-humano entonces esto también nos trae problemas. Dentro de la práctica estándar de la medicina reproductiva existe una prueba  que ayuda a determinar si los espermatozoides están sanos, pero ella crea híbridos inviables. La prueba se conoce como prueba de penetración del óvulo denudado de hámster. En esta prueba se deja que espermatozoides humanos penetren óvulos de hámster para investigar su capacidad de fertilización. Debe ser claro que prohibir, a raja tabla, la creación de híbridos afecta directamente una práctica establecida y sancionada por la comunidad médica que ayuda a identificar las causas de infertilidad masculina.

En el caso de la producción de quimeras el problema es todavía peor. Una quimera se crea cuando células, tejidos, u órganos de un individuo se trasplantan a otro genéticamente distinto. Existen dos tipos de quimeras: quimeras intraespecíficas y quimeras interespecíficas. Las intraespecíficas son aquellas en las cuales los células, tejidos u órganos trasplantados pertenecen a la misma especie biológica; las quimeras interespecíficas son aquellas en las cuales los materiales biológicos trasplantados pertenecen a otra especie biológica. Ahora bien, si la ley prohíbe la creación de quimeras intraespecíficas entonces se prohíben los trasplantes de órganos en humanos. Piensen en ello sólo un momento: una ley que de facto prohíbe los trasplantes de órganos. ¿Por qué? Porque si yo recibo un trasplante de riñón entonces en mi cuerpo hay un órgano que genéticamente es distinto a mí: científicamente hablando soy un quimera. Y esto todavía empeora, todo embarazo produce microquimerismo pues células del feto llegan al sistema circulatorio de la madre gestante. Si de hecho se prohíbe la creación de quimeras así sin más entonces se prohíbe el embarazo. ¿Acaso los legisladores quieren prohibir los embarazos?

Puede ser, por supuesto, que los legisladores estén pensando en la prohibición de quimeras interespecíficas. Si esto es así el panorama no mejora nada. No mejora pues esto implica que se prohíbe el trasplante de válvulas del corazón que tienen origen en cerdos, por mencionar un ejemplo. Desde hace años válvulas del corazón de origen animal se han utilizado en humanos. Esto es así, entre otras cosas, porque no hay suficientes donantes de órganos. Además de todo, esta fracción no sólo impacta prácticas ya establecidas y sancionadas, sino que también impacta la investigación de trasplantes con quimeras. Hay una falta crónica de órganos para donación y una de las soluciones que se está explorado es crear animales que posean órganos humanos: por ejemplo, crear cerdos que tengan riñones humanos para luego tomar los riñónes y trasplantarlos a una persona que los necesite. La reforma impide esta investigación puesto que un cerdo con un riñón humano es una quimera. Esta propuesta bloquea un área de investigación que promete solucionar uno de los problemas médicos más apremiantes en México.

Los problemas que acabo de presentar son sólo algunos de los más obvios. Es por todo lo anterior que sólo queda recomendar de la manera más enfática que se rechacen las modificaciones propuestas y se regrese a la mesa de dibujo. También cabe recomendar que se involucre a expertos en biología, en materia de reproducción humana asistida y a bioeticistas. Esto o podemos comenzar a imaginar cómo será vivir en una país donde estén prohibidos los trasplantes de órganos y los embarazos.

 

Sígueme en twitter: @CPalaciosG

 

César Palacios González es un investigador asociado del Centre of Medical Law and Ethics del King’s College London y pertence al proyecto The Donation and Transfer of Human Reproductive Materials.