Maria Eugenia Jiménez Corona

La vacunación está reconocida como una de las estrategias que mayor impacto ha tenido en la salud pública, después del agua limpia, la vacunación ha contribuido a la disminución de la morbilidad y mortalidad por enfermedades como viruela, poliomielitis, sarampión, difteria, y tétanos, entre otras. Cada peso invertido en prevención, como el caso de la administración de vacunas, proporciona un mayor beneficio comparado con cada peso invertido en medicina curativa.

Actualmente diversos países cuentan con elevadas coberturas de vacunación como resultado de su capacidad técnico-operativa y la sostenibilidad económica de los programas de inmunización. Como resultado de estos programas ha sido posible lograr la erradicación de la viruela, se han alcanzado importantes avances para la eliminación de la poliomielitis y el sarampión; así mismo se tienen avances dirigidos hacia la eliminación del tétanos neonatal, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita. Sin embargo, para alcanzar y mantener estos logros es necesario contar con coberturas de vacunación elevadas, que sean homogéneas al interior de los países y sostenidas a través del tiempo.

Como ejemplo del impacto que han tendido los programas de vacunación tenemos el caso de los Estados Unidos (EUA) en donde en 1999 se registraron 175,885 casos de difteria y para el año 2000 no se registraron casos (descenso del 100%), en 1999 se registraron 503,282 casos de sarampión y en el año 2000 únicamente 55 (disminución de 99%). El impacto de otras vacunas introducidas posteriormente, como la vacuna contra varicela se ha observado una disminución del 80% de casos de esta enfermedad.

El logro de estos importantes avances no ha sido fácil ni libre de obstáculos, a la par de la historia de la vacunación han surgido grupos detractores movidos por diversos motivos, tanto religiosos, filosóficos, políticos, rumores e información que no se sustenta en evidencia científica, que han atribuido falsas propiedades y efectos a las vacunas. Esta situación, que en general se ha circunscrito a algunas comunidades y contextos particulares, pone en riesgo el éxito de los programas de vacunación.

Como antecedentes de la oposición a la vacunación tenemos como ejemplo la oposición a la vacunación contra la viruela en Inglaterra y EUA a mediados de siglo XIX, y en 1885 se registró la mayor protesta contra las vacunas, a la que acudieron alrededor de 100,000 personas. Otro ejemplo es el episodio ocurrido en una comunidad Amish en Pensilvania, EUA en 1991, que al enfrentar un brote de rubéola mostró elevadas tasas de síndrome de rubéola congénita, como resultado de la renuencia a la vacunación contra rubéola en esa comunidad. Existen otros casos de grupos antivacunas reportados en Costa Rica y Argentina, en comunidades naturistas que se oponen a la administración de vacunas poniendo en riesgo la salud de las personas y de las comunidades.

El movimiento antivacunas  tiene por lo menos dos vertientes: 1) La primera que niega una relación causal entre las vacunas y la erradicación o la reducción significativa de enfermedades como la viruela, la poliomielitis, el sarampión y la rubéola y 2) La otra corriente señala que las vacunas causan enfermedades, por ejemplo, afirman que la vacuna triple viral (Sarampión, rubéola y parotiditis, SRP) es la causa del autismo.

Algunos de los argumentos que utilizan los grupos antivacunas son:

  • La vacunación causa muertes e invalidez significativa con gran costo personal y financiero a las familias ignorantes.
  • La evidencia sugiere que la vacunación es un medio no confiable de prevenir la enfermedad.
  • Es incierto qué impacto, si hubiera alguno, tuvieron las vacunas en los siglos XIX y XX en la disminución de las enfermedades infecciosas.
  • Muchas de las suposiciones en que se basa la teoría de la inmunización y práctica no están suficientemente probadas o han sido falsamente probadas en su aplicación.
  • Se exageran grandemente los peligros de las enfermedades infantiles para asustar a los padres y que acepten un procedimiento cuestionable.
  • Las enfermedades infantiles prevenibles son benignas, las vacunas hacen enfermar y causan síntomas más graves que las enfermedades que se intentan prevenir.

E la actualidad, algunas posibles causas de rechazo a la inmunización se relacionan con la percepción de enfermedad de las sociedades, en las que la incidencia de las enfermedades prevenibles por vacunación y sus complicaciones ha disminuido considerablemente. Esto hace que las personas pierdan la referencia de los efectos negativos de la enfermedad y, como individuos sanos, comiencen a preocuparse por los efectos secundarios de las vacunas y cuestionen la necesidad de seguir vacunando. Los grupos antivacunas han contribuido el resurgimiento de enfermedades como el sarampión, que estaba en vías de eliminación en paises como Inglaterra, Bélgica, Alemania, Rumania, Serbia, España, Turquía y Francia. Quienes se niegan a vacunar a sus hijos no son solo población marginada; también familias bien formadas que siguen estilos de vida pretendidamente naturalistas, que rechazan los productos de la industria farmacéutica como gesto de militancia.

Recientemente, a raíz de una publicación en la revista Lancet (1998) en la que se señalaba una asociación de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola, parotiditis, SRP) con autismo, posteriormente se llevó a cabo una investigación exhaustiva que descarta la asociación causal con esta vacuna. Sin embargo el impacto causado por la publicación en la revista Lancet sirvió como argumento para estos grupos antivacunas y fue difícil revertir su efecto negativo en la población, ocasionando una disminución importante en las coberturas de vacunación, principalmente en Europa. A pesar de que esta asociación se ha descartado y sus resultados se han difundido en revistas, foros científicos y medios masivos de comunicación, es difícil revertir los efectos negativos de la inadecuada información en la salud pública.

Por otra parte es importante diferenciar el caso de los grupos antivacunas con el hecho de que existan cuestionamientos, desde un punto de vista critico, que con bases científicas  cuestionan diferentes aspectos de las vacunas, tales como: la presencia de adyuvantes, la combinación de varias vacunas, la presencia de reacciones adversas y la posible asociación con determinadas enfermedades. En este caso particular son validos los cuestionamientos con fundamento científico, cuya finalidad es contar con vacunas más eficaces y seguras para la población.

Finalmente, algunas medidas que debemos tomar para contrarrestar el efecto de los grupos antivacunas son: 1) reforzar estrategias para facilitar el acceso al conocimiento basado en evidencia científica para toda la población; 2) el personal de salud debe contar con información suficiente respecto a las vacunas, para poder proporcionar información confiable y precisa a los pacientes y 3) aprovechar los espacios que ofrecen las sociedades científicas que tienen elevada credibilidad en la opinión pública.