Raymundo Canales de la Fuente

Enero de 2012

Al margen del significado de la laicidad, que lo entendemos en nuestro querido México como una serie de conductas motivadas por valores humanos universales pero sin derivarse de ninguna estructura de pensamiento religioso, y que consideramos un valor en relación directa al ecumenismo y a la defensa de la libertad de creencias, debemos hablar claramente de los posibles riesgos ante su pérdida.

Uno de los campos acerca de los que muchas voces han manifestado preocupación, cuando recientemente ocurrió el debate en torno al artículo 24 de nuestra Carta Magna, es la educación porque puede ocurrir, como sucede en otros países, que el clero católico exija entonces recursos públicos para subvencionar su estilo educativo y la trasmisión de sus valores. El primer problema concurrente a ésta exigencia sería precisamente la falta de equidad respecto a las demás religiones existentes en el País que estarían en el tenor de exigir un trato similar, pero el otro ángulo -quizá más preocupante- sería la trasmisión de valores de alguna religión hacia la comunidad en general que conduzca a la toma de decisiones basadas en dichos valores, para lo que cito un ejemplo:

Los programas de estudio de las diferentes facultades y escuelas de medicina en nuestro País deben contener una serie de conocimientos básicos que le permitan al educando aprender a diagnosticar y tratar los padecimientos más comunes de la población además de efectuar las acciones preventivas más importantes basadas en las cifras epidemiológicas nacionales, es decir, si por ejemplo tenemos un panorama epidemiológico que nos marque como una de las causas más importantes de mortalidad infantil a los cuadros infecciosos del tubo digestivo, el educando debe aprender de forma muy clara las acciones preventivas en la sociedad para evitarlos entre nuestros infantes y en caso de que se presenten tratarlos oportunamente. Es tan importante éste análisis con la consecuente inclusión de éstos temas en los programas de estudio, que la ausencia de dichos contenidos en los diversos centros educativos sería un acto no solo indeseable sino casi criminal; es una necesidad imperiosa formar a nuestros médicos y médicas a partir de la realidad sanitaria del País y así responder de forma proporcional y adecuada. Por supuesto es la autoridad sanitaria la responsable de vigilar y exigirle a las escuelas y facultades de Medicina los mecanismos para convertir nuestras realidades epidemiológicas en contenidos adecuados para los educandos que tendrán que responder, a corto plazo, a dichas necesidades sociales.

Una necesidad sentida, clara e incuestionable es la de brindar a la población de un País como el nuestro los elementos relativos a salud sexual y reproductiva en cuya definición, de acuerdo con la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (a la que por cierto asistió México y firmó los compromisos derivados de la misma) que se llevó a cabo en El Cairo (http://www.un.org/spanish/conferences/accion2.htm) incluyen (sic)“….asesoramiento, información, educación, comunicaciones y servicios en materia de planificación de la familia; educación y servicios de atención prenatal, partos sin riesgos, y atención después del parto, en particular la atención de la salud materno-infantil y la promoción de la lactancia materna; prevención y tratamiento de la infertilidad, interrupción del embarazo, de conformidad con lo indicado en el párrafo 8.25; tratamiento de las infecciones del aparato reproductor, las enfermedades de transmisión sexual y otras afecciones de la salud reproductiva, e información, educación y asesoramiento en materia de sexualidad humana, salud reproductiva y paternidad responsable…..” necesidad que además queda subrayada por las cifras recientes en relación al tema, baste señalar que en México no se han podido alcanzar las metas en términos de reducción de la mortalidad materna, que al momento está alrededor de 55 por 100 mil nacidos vivos cuando deberíamos estar quizá por 30 en caso de querer alcanzar las metas del milenio. Otro ejemplo concreto se deriva de los resultados de la última Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid,http://conapo.gob.mx/index.php?option=com_content&view=) en la que se aprecia un 24% de demanda insatisfecha en métodos de planificación familiar en mujeres de entre 13 y 19 años de edad, o el hecho de que todavía existe un 10% de muertes maternas en el País por aborto inseguro. Las soluciones recomendadas por los organismos internacionales como la OMS (http://apps.who.int/rhl/dare/dare-12003002471/es/index.html), y lo que sugieren países que han podido resolver éstos problemas, aconsejan de forma enfática la articulación, impulso y difusión de programas de planificación familiar, de tal forma que no exista un solo ciudadano o ciudadana que no tenga conocimiento cabal y acceso a todos los métodos temporales como a los de esterilización voluntaria en caso de solicitarla, y es la ciencia médica en su conjunto la que respalda éstas conclusiones, además de que se debe propiciar un ambiente en el que una mujer pueda interrumpir un embarazo no programado de forma segura y sin ser perseguida por la policía ). En éste panorama parece muy irresponsable que no existan suficientes contenidos respecto de los temas involucrados en alguna escuela de Medicina pero tristemente así ocurre. Revisando, por ejemplo, los contenidos del plan de estudios de la licenciatura en medicina ofrecida por la Universidad Panamericana (http://www.up.edu.mx/document.aspx?doc=29784) podemos encontrar incluidos, cinco cursos semestrales de bioética, que por cierto está impartida por su propia escuela de bioética, claramente identificada con una corriente católica dentro de ésta disciplina, dos cursos semestrales de teología (supongo católica, no se aclara en el texto del plan de estudios), materia que me parece inútil (en ésta Licenciatura) e inconexa con nuestra realidad epidemiológica, y solo hasta el séptimo semestre aparece una materia que parece estar relacionada con la salud sexual y reproductiva (que es el término empleado en los documentos sanitarios internacionales) pero con otro nombre, el curso es de “Procreación Responsable” que cuando hacemos una búsqueda simple en internet nos conduce a varios resultados en relación a una perspectiva católica de la reproducción humana, que por cierto prohíbe los métodos de regulación de la fertilidad y el aborto. Es evidente que los médicos egresados de dicha licenciatura carecen de las bases mínimas indispensables en éstos tópicos, y lejos de aportarle algo positivo a la sociedad, son un riesgo a la salud sexual y reproductiva de nuestro País en vista de que al carecer de los conocimientos, capacidades y criterios científicos mínimos, seguramente van a intentar “convencer” a sus pacientes para que no utilicen métodos de control de la fertilidad, evitar que se esterilicen o conducirlas a que no interrumpan un embarazo aunque no se contravenga la Ley.

Propongo, amigo lector, que pensemos en una realidad hipotética: imaginemos una facultad o escuela de medicina que sea propiedad de personas que profesan la religión de los Testigos de Jehová, sabemos que dentro de ésta existen serias objeciones a las transfusiones sanguíneas, que por supuesto ellos tienen derecho a practicar, pero, ¿que nos parecería a los demás que ante una situación donde estuviera en peligro nuestra vida, se nos negara una transfusión porque el médico a cargo no aprendió lo relativo a esos tratamientos y además los considera inadecuados? ¿es correcto o ético formar médicos con carencias por razones ideológicas? La respuesta evidente es negativa y es una responsabilidad clara del Estado vigilar los contenidos y las capacidades de los alumnos de una licenciatura con un impacto directo sobre la población como la de Medicina.

Ésta (la Panamericana) es una de las Universidades francamente apoyada por el Presidente Calderón con el reciente anuncio de las becas educativas. La intención de apoyar alumnos que carecen de capacidad económica es un fin francamente noble y plausible, pero debe haber gobierno que obligue a que los médicos y médicas que se forman en nuestro país se encuentren capacitados ampliamente de acuerdo a las necesidades de la población y no, como parece, preparados únicamente para ejercer la medicina a nivel privado donde los valores que prevalecen son el enriquecimiento personal y la imposición a la población de una serie de valores que no están compartidos necesariamente por toda la sociedad y probablemente inconexos con los objetivos nacionales de disminución de la muerte materna, disminución del aborto o de disminución de los embarazos no programados. No parece haber gobierno, o por lo menos gobierno laico entonces lejos de felicitar al Presidente por las becas, le exijo aquí una explicación.