Héctor A. Mendoza C.

Abril de 2012.

El Papa de origen alemán Benedicto XVI arribó a tierras mexicanas supuestamente para traer un mensaje de paz, adicionalmente, en la agenda papal estaban presentes otros temas como  la defensa del derecho a la vida y la oposición católica a los matrimonios homosexuales.

Llama la atención sin embargo, que en “la agenda papal” no se hayan incluido  los graves y espinosos temas  relacionados con clérigos pederastas. Muy particularmente, llama la atención que en “la agenda” de Benedicto XVI, no se haya incluido una reunión con las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes,  como sí lo hizo en sus viajes a Irlanda y Estados Unidos. Lo anterior me obliga a preguntarme, como es posible que alguien venga a dar mensajes de paz, cuando al interior de la organización que representa, existen y han existido, serias violaciones a los más elementales derechos humanos.

Cómo es posible que Benedicto XVI venga a mi país y olvide hablar del asunto de Marcial Maciel, que se niegue a la petición expresa de atender a las víctimas de éste último y que a pesar de ello y como parte de su discurso, haga un llamado a cuidar de la niñez mexicana, a la que calificó como un regalo de Dios para el mundo. ¿Acaso el mensaje verdadero era cuidar a la niñez mexicana, pero cuidarla de la pederastia?

Este tipo de eventos me hace pensar en qué tan necesarias son las religiones, qué es lo que motiva a los seres humanos a vivir bajo la sombra de la delusión. La respuesta que al respecto nos ofrece Richard Dawkins en su libro “Espejismo de Dios” es contundente; cuando una persona sufre de delusión, podemos calificar a este individuo como loco o desquiciado mental, sin embargo, cuando muchas personas padecen la delusión, de lo que estamos hablando es precisamente de religión.

En mi caso personal no puedo dejar de asociar -como parece que muchos sí pueden hacerlo- a la iglesia católica con imágenes de terror, no puedo por más que lo intento, dejar de asociar a la iglesia católica con la inquisición, esa organización surgida en el propio seno de la iglesia cuya principal función era -según afirmaban sus propios dirigentes- suprimir la herejía, lo que quiera que ello haya significado en el pasado o signifique en el presente.

No puedo entender tampoco, que con tales argumentos y en aras de combatir a los herejes, la “Santa” Inquisición se haya dado a la tarea de inventar los más aberrantes instrumentos de tortura, por medio de los cuales miles -quizá inclusive cientos de miles o millones- de personas fueron cruelmente torturados y asesinados.

Tampoco puedo entender cómo es que el, o los líderes de una institución con tales antecedentes, puedan -cínicamente diría yo- hablar de paz, de amor, de caridad y lo que más absurdo me resulta es que después de tantos crímenes, de tantos asesinatos atroces, se arroguen el derecho de hablar, precisamente “del derecho a la vida”.

Uno de los principales temas de la agenda de Benedicto XVI es precisamente el tema del derecho a la vida, y no entiendo cómo es que sea precisamente Joseph Ratzinger quien nos venga a hablar de ello. No puedo entender como el mayor jerarca de la Iglesia Católica venga a mi país y sea aclamado por miles de compatriotas, que parecen olvidar aquellos antecedentes mencionados. Me resulta incomprensible que Benedicto XVI, quien por cierto antes de ser Papa era el  responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, congregación que a su vez es la sucesora precisamente de la “Santa” Inquisición, venga a mi país a hablarme de humildad, amor al prójimo y paz.

Debo decir que me resulta igualmente incomprensible que ciertos personajes como los candidatos a la presidencia de mi país hayan acudido a la misa ofrecida por Benedicto XVI, representante desde mi perspectiva de todas las atrocidades antes señaladas. Igualmente, me resulta sorprendente que las autoridades de mi país le otorguen un trato casi reverencial a Benedicto XVI, esto en un país que presume o pretende ser laico, es decir un país en el que aspiramos a que se toleren todas las creencias religiosas incluido lo que podríamos llamar las no creencias. Obligadamente me pregunto si el mismo trato sería dispensado, por estas mismas autoridades, a dirigentes de otras confesiones religiosas, la respuesta es obvia y esto es así gracias a una ficción jurídica, a un truco, ya que oficialmente al Papa no se le recibe como Papa, sino como un representante de Estado, en este caso el representante del Estado Vaticano.

En fin, no ignoro que no es solo la religión católica la que ha contribuido a un mundo violento, creo sinceramente que de no existir  las religiones , el mundo sería muy diferente, muy probablemente sería un mundo más igualitario, uno en el que la discriminación histórica hacia ciertos grupos sociales probablemente no existiría. Un mundo en el que hombres y mujeres nos podríamos acompañar mutuamente sin prejuicios, en donde probablemente temas como el sexismo, el racismo y la violencia en contra de  grupos particulares, no existirían.

Creo sinceramente que las iglesias y particularmente la católica, han contribuido a la desigualdad, la intriga, la mentira, la falsedad, el deshonor y la calumnia. Me parece que sin los prejuicios religiosos, hombres y mujeres podríamos convivir de mucho mejor manera, ya que podríamos obviar las supuestas diferencias de origen divino y vivir plenos y felices los unos con las otras, y las otras con los unos.