Dr. Raymundo Canales de la Fuente

Mayo de 2011

Siempre que hablamos de futuro tenemos a la mano una especulación, que puede o no estar basada en hechos reales y se considera por lo tanto dentro del ámbito de lo posible pero con poca seguridad en cuanto al destino final de los hechos narrados, a menos que nos ubiquemos en un futuro muy cercano. Las posibilidades de la medicina llamada “reproductiva”, que hace necesaria referencia a la reproducción humana, transitan por el estilo de las decisiones que la sociedad necesita tomar en un plazo corto, y ésta es una condición a la que están sujetos todos los países por lo menos en la esfera occidental, en vista de las definiciones de las que se parte.

Me gustaría empezar mencionando la definición de lo que entendemos por “medicina” o “ciencia médica” que se trata de un cuerpo de conocimientos organizados con la finalidad de prevenir, aliviar, o curar la enfermedad y en caso de que sea imposible, acompañar a las personas hasta una muerte digna. El concepto de enfermedad está relacionado, con muchos supuestos de la historia de la medicina que no abordaremos, pero que hacen referencia a una alteración del estado de salud de un individuo, que eventualmente lo conduce a la incapacidad o a la muerte y por otro lado el concepto de salud, para la Organización Mundial de la Salud, alude a un “estado de bienestar” físico mental y social del individuo.

Bajo ésta óptica no se abarca cabalmente el fenómeno de la infertilidad, que es una manifestación última de una pareja concreta (no de un individuo) en un momento del tiempo, es decir, a veces ésta situación cambia, solo con el paso del tiempo, y en otras ocasiones, cuando ocurre una separación de la pareja y cada uno de los miembros de la misma tiene otro acompañante, ya no existe el fenómeno de la “infertilidad”, que definimos como la incapacidad para lograr un embarazo. Empieza el asunto a causar ruido y controversias, en vista de que, cuando lo vemos desde un punto de vista de poblaciones, tenemos que entre un 10 y un 20% de las parejas manifiestan alguna queja en éste sentido. Aunado a lo descrito, la ciencia ha desarrollado diversos métodos (muy costosos por cierto) para solucionar éstos problemas, que a mi me gusta llamarlos “una condición” dadas sus características y el hecho de que no existe una causa común.

Aquí tenemos un primer terreno en el que debemos definirnos, en vista de que existen ejemplos de enfermedades concretas, que conducen a la muerte inevitablemente –como el cáncer de mama- en caso de no ser detectados y tratados de manera rápida, oportuna y eficaz, y en un Estado como el nuestro, tenemos recursos muy limitados para afrontar la sanidad, entonces ¿debe el Estado Mexicano financiar los tratamientos de infertilidad, descobijando programas como el del cáncer de mama? ¿es ético hacerlo? Y en caso de una respuesta negativa ¿no implica discriminación por condición económica?. Tomando como base las decisiones tomadas en democracias mas avanzadas que la nuestra e intentando mediar, me imagino un México que a corto plazo tome la actitud de limitar quizá a un par de centros en el país, el permiso para efectuar tratamientos complejos en infertilidad, y propiciando que los mismos busquen fuentes de financiamiento que no sean los recursos de la sanidad pública. Pero el asunto tiene mas aristas, pensemos solamente en los bancos de gametos, que existen ya desde hace mas de diez años en nuestro querido país, y que permiten que mujeres y hombres puedan acceder a la reproducción.

Por supuesto los gametos ahí resguardados deben provenir de mujeres y hombres sanos, con bajo riesgo de trasmitir enfermedades genéticas y con plena conciencia de que no se va a establecer ningún vínculo filial con el recién nacido producto final de las células donadas. Imagino entonces también un México con la legislación pertinente; pero aquí no termina el asunto debido a que las técnicas que permiten la fertilización fuera del organismo femenino también brindan la posibilidad tanto del resguardo como la conservación de los cigotos (término correcto para llamar a un óvulo recién fertilizado) y su posible donación en caso de que la pareja que originó esos cigotos ya no quiera usarlos para procrear mas hijos. Esta donación puede ser dirigida hacia alguna otra mujer o pareja que los requiera o hacia la investigación científica, en vista de que ese grupo de células son totipotenciales, es decir, son “stem cells” o “células madre” como se han denominado en nuestro idioma, enriqueciendo así la posibilidad de investigar en el campo de la medicina regenerativa, por cierto muy prometedora en vista de la posibilidad de curar muchas patologías hoy fatales o muy incapacitantes.

No voy a evitar mencionar que la disposición de éstas células hacia uno u otro lado depende en gran medida del pensamiento y la ideología de las personas que aportaron sus gametos, en vista de que existen individuos que piensan que -a pesar de que no tengamos evidencias científicas a la mano- existe ya en ese momento una persona humana, pero al mismo tiempo existen otros grupos que no están de acuerdo con esa premisa y por lo tanto podrían ceder esas células a la investigación médica. Imagino también un México que de cabida y regule todos los conceptos que aquí enumero además del de la “madre subrogada” que implica la participación de una mujer fuera de la pareja que gestará en su seno al embrión y al feto para entregar finalmente al recién nacido a la pareja interesada, por supuesto sin exigirle a las personas o a las parejas vínculos contractuales de ninguna índole (salvo en el caso de la madre subrogada), sino solamente expresar claramente su voluntad por escrito, sin imponerles ninguna clase de ideologías, prejuicios y propiciando que las decisiones se tomen ejerciendo la libertad a cabalidad. Básicamente son conceptos éticos y de respeto a los derechos humanos los que hay que vigilar, entonces imagino también un Consejo Ciudadano creado ex-profeso, encargado de vigilar y emitir recomendaciones a los poderes de la Unión y a los Estados con el fin de vigilar tanto el desempeño como los aspectos éticos y hasta comerciales del asunto, que por supuesto no pienso que sea razonable hacer depender a ese “consejo” del Secretario de Salud para que sus puntos de vista sean lo menos sesgados posible.

Urge una Ley, las definiciones las debe brindar la ciencia y nadie más, personalmente he sido testigo de más de 8 o 10 proyectos de ley que han sido llevados a “la congeladora” o simplemente desechados por razones que no entiendo, pero si se trata de pereza o de intenciones malsanas de algunos legisladores nos toca exigirles que empujen el tema a la brevedad o dejen su lugar a quien esté dispuesto a hacerlo. Es un tema sustantivo para la sociedad mexicana y está dejando hoy un vacío legal tan amplio que puede provocar gravísimas consecuencias y daños irreparables en términos del progreso científico-médico.