DR. Ruben Lisker

Diciembre de 2010

Hoy quiero compartirles un artículo que leí en fecha reciente. Se trata de un escrito de Francisco J Ayala intitulado: “The difference of being human: Morality”, publicado en el volumen 107, suplemento 2 de la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences de los EE UU del año 2010, páginas 9016 a 9022. Los motivos para hacerlo, a pesar de que estoy lejos de ser un conocedor del tema son: a) que el Dr. Francisco J Ayala es un personaje muy interesante del que no está mal saber; y b) el título del trabajo debería ser atractivo para todos, ya que ofrece explicarnos que es lo que nos hace diferentes a otros animales, lo que supongo es de interés general.

Según la Wikipedia (enciclopedia libre en Internet), Ayala nació en España (Madrid) y se ordenó sacerdote agustino en Salamanca en 1960, a los 26 años de edad. Posteriormente emigró a los Estados Unidos de Norteamérica, volviéndose ciudadano de ese país, no sin antes obtener un doctorado en Biología en 1964 de la Universidad de Columbia, Nueva York. Se convirtió después en uno de los más distinguidos evolucionistas del planeta, habiendo recibido numerosos reconocimientos por su actividad científica, como ser miembro de la Academia de Ciencias de EE UU y Presidente de la Asociación estadounidense para el avance de la ciencia (en inglés AAAS). En su último libro: Darwin y el diseño inteligente del 2007, afirma que el darwinismo y el catolicismo son compatibles, pero no el creacionismo, por razones no del todo claras para mí. De cualquier modo, yo he escrito previamente en este espacio, sobre estos temas, y me resultan de gran interés. La mayor parte de lo que sigue forma parte del contenido de la publicación de Ayala, al menos como yo lo comprendí.

Pertenecemos al reino animal y podemos aceptar que, como todo lo vivo, hemos tenido ancestros un tanto diferentes a nosotros, en un proceso que ha llevado miles de años y que la magnitud de las diferencias está en relación con la antigüedad del proceso. También es cierto que tenemos características únicas entre los animales.

Diferencias anatómicas. Las dos diferencias más notorias, son la posición erecta y el tamaño del cerebro. Somos los únicos vertebrados bípedos con una postura erecta. Los pájaros también son bípedos, pero el resto del cuerpo (con una excepción) tiene una posición horizontal sobre las extremidades inferiores, claramente diferente a la nuestra que es vertical. El ser bípedos y tener una postura erecta, a su vez, implican la presencia de diferencias morfológicas en nuestra columna vertebral, huesos de la cadera y pies entre otras, en comparación con otros animales. En los mamíferos, el tamaño del cerebro guarda relación por lo general con el tamaño del cuerpo y tenemos el cerebro de mayor tamaño. El cerebro del chimpancé, nuestro ancestro no humano más cercano, es de 300 cm3, mientras que el nuestro es de alrededor de 1,300 cm3, casi cuatro veces mayor. Nuestro cerebro no sólo es más grande que el del chimpancé y el de los otros grandes monos africanos, sino que además es mucho más complejo. La corteza cerebral, donde residen las funciones cognitivas, es mucho mayor en nosotros que en otras especies.

Diferencias intelectuales y de comportamiento. En estos rubros somos bien diferentes de otros animales tanto en lo individual como en lo colectivo. Nuestras facultades intelectuales nos permiten categorizar los objetos (ver objetos individuales como miembros de distintas clases), pensar de manera abstracta y formar imágenes de realidades no presentes y por lo tanto de anticipar eventos y planear acciones en el futuro. Hablamos, somos capaces de fabricar instrumentos y tenemos muchas formas de organizaciones sociales, leyes, instituciones políticas, literatura, arte, conceptos éticos y religión. Otros primates también tienen organizaciones sociales, pero nada tan complejo como lo nuestro.

Cultura. Una de nuestras características distintivas es la cultura, que podemos entender como la suma de actividades y creaciones humanas que no son de naturaleza estrictamente biológica. También se ha definido como un conjunto de innovaciones sociales y tecnológicas, que la gente ha acumulado para ayudarse en sus vidas. Su advenimiento se ha caracterizado por ser evolutivo, independiente de la evolución orgánica, que en los últimos milenios se ha convertido en la forma dominante de evolución humana. Su cambio es mucho más rápido que el estrictamente biológico y su transmisión no es solamente vertical (de padres a hijos) sino también horizontal y a distancia. Los ejemplos son muchos, el idioma la telefonía, la televisión, la computadora, el teléfono celular y muchos otros.

Comportamiento moral. Ayala lo define para el presente propósito, como las acciones de las personas, que antes de actuar toman en cuenta el efecto que ellas tendrán en otras personas. El término comportamiento ético, se tomará en el presente escrito como sinónimo de comportamiento moral, al igual que las palabras ética y moral se considerarán como lo mismo. Los humanos tenemos valores morales, aceptamos ciertos estándares según los cuales, nuestras conductas pueden juzgarse como correctas o incorrectas, buenas y malas. Las formas particulares en que se hacen estos juicios varían de sujeto a sujeto y de una cultura a la otra, aunque parece que algunas normas, como no matar o no robar son universales. Esta universalidad lleva a dos preguntas: 1) ¿Es el sentido moral una parte de la naturaleza humana, una dimensión más de nuestra biología? Y 2) ¿Son nuestros valores éticos producto de la evolución biológica, más que de nuestra cultura?

Aristóteles y otros filósofos Griegos y Romanos mantenían que los humanos son no sólo homo sapiens, sino también homo moralis y durante los 20 últimos siglos los teólogos cristianos se ocuparon mucho de las bases de la moralidad. La teoría de la evolución de Darwin, llevó a reconsiderar dichas bases, ya que no les atribuimos conductas éticas o otros animales, o cuando menos no de la magnitud presente en nosotros. ¿Cuando se presentó el comportamiento ético en nuestra especie ¿ ¿La tuvo el Neandertal o Homus erectus? ¿Cómo evolucionó?¿y de manera alternativa cabe la pregunta en el sentido de si ¿el comportamiento moral es resultado más de nuestra evolución cultural que la biológica? Darwin en el inicio del tercer capítulo de su libro el Descenso del hombre y la selección en relación con el sexo (del inglés “The descent of man and selection in relation to sex”) publicado en 1871, dice estar completamente de acuerdo con aquellos escritores que mantienen que de todas las diferencias entre el hombre y otros animales, el sentido de lo moral es por mucho la más importante.

Conducta moral y conducta racional. La moralidad consiste en nuestra urgencia o predisposición de calificar a las acciones humanas como buenas o malas en relación a sus consecuencias para otros seres humanos. En este sentido somos seres morales por naturaleza, ya que nuestra constitución biológica incluye la presencia de las tres características necesarias para una conducta ética: 1) la habilidad de anticipar las consecuencias de nuestras a acciones; 2) La capacidad de elaborar juicios de valor; y 3) la posibilidad de escoger una de entre varias acciones alternativas. Estas capacidades existen como consecuencia de la gran capacidad intelectual de los humanos, claramente mayor que la de cualquier otro ser vivo. De estas capacidades, la primera es la más fundamental. Sólo si logro anticipar que jalando el gatillo de una pistola se dispara un tiro y la bala a su vez, puede impactar y matar a un sujeto, puedo valorar que jalar el gatillo es una acción incorrecta, mala. La acción de jalar el gatillo no es en sí misma una acción moral, adquiere la dimensión ética solamente cuando puedo anticipar sus consecuencias.

Ayala concluye que la conducta ética es una consecuencia necesaria de nuestras habilidades intelectuales, que son directamente favorecidas por el proceso de selección natural, mientras que los códigos morales o normas, son resultado de nuestra evolución cultural, lo que explica su diversidad entre las diferentes poblaciones y su evolución a través del tiempo.