Presentación libro

Dra. Ingrid Brana Sesma.

Julio de 2010

Derivadas del interés por el desarrollo científico y tecnológico pero a la vez de la preocupación por la protección de los seres humanos, la Bioética propone algunas interrogantes capitales para el hombre moderno, la sociedad y el poder político que deben ser contestadas y plasmadas en documentos de carácter jurídico.

Por ello, el movimiento bioético internacional, cada vez más extendido, ha buscado elaborar disposiciones jurídicas que, arraigadas en principios morales, posean una eficacia universal. Las movilizaciones han logrado poner en acción a instancias como la UNESCO a través de la cual se han elaborado varios documentos de tipo declarativo, tal es el caso de la relativa al genoma humano y la de datos genéticos humanos. Estos documentos, junto con otros, sirvieron de base para la identificación de ciertos principios que fueron recogidos y más tarde plasmados en la Declaración Universal de Bioética de octubre de 2005.

El Consejo de Europa ha avanzado en este terreno y logró desde 1997 un documento de carácter convencional, el Convenio de Protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser humano con Respecto a las Aplicaciones de la Biología y la Medicina. Este documento fue la culminación de esfuerzos por recoger los principios de la Bioética para vincularlos a un ordenamiento de carácter obligatorio, centrado en evitar acciones que podrían poner en peligro la dignidad humana mediante una práctica inadecuada de la biología y la medicina. El texto insiste en la dignidad humana y desarrolla temas como el consentimiento informado, el genoma humano, la no discriminación, privacidad y confidencialidad, la investigación científica y la extracción de órganos y de tejidos de donantes vivos para trasplantes. El objeto y la finalidad del documento fue que los Estados adheridos adoptaran en sus legislaciones internas las medidas necesarias para dar aplicación al Convenio.

En el Coloquio desarrollado en agosto de 2007 en el IIIJ con la colaboración de la Comisión Nacional de Bioética, cuyo presidente del Consejo consultivo era el dr. Guillermo Soberón y de la Universidad Paris-Val de Marne, a través del profesor Gérard Teboul, también coordinador de esta obra, académicos y jueces relataron algunas de las experiencias relacionadas con la elaboración del Convenio y de la adhesión de numerosos Estados europeos, las cuales pueden servir de ejemplo de que los imperativos bioéticos pueden ser plasmados en documentos internacionales regionales de naturaleza vinculante.

La experiencia europea plantea la reflexión acerca de la posibilidad de elaborar un instrumento semejante, aunque con una perspectiva regional sobre bioética en América latina y la región del Caribe. La deliberación debe comprender las dudas sobre su conveniencia y de los posibles obstáculos, pero también de una visión optimista que busque vencer tales obstáculos.

No existen dudas respecto a la especial perspectiva que América Latina y los países del Caribe tiene de la bioética. La región nos muestra una realidad compleja, múltiple y no homogénea, con países determinados por el subdesarrollo y sus componentes multirraciales, los cuales plantean discriminaciones hacia las poblaciones indígenas o de origen africano. Tampoco caben dudas de que a nivel internacional está faltando un documento que rebase el nivel de las declaraciones, las cuales, como es sabido, carecen de fuerza vinculatoria per se.

Correspondió a los participantes latinoamericanos del Coloquio la reflexión acerca de la viabilidad de elaborar un documento convencional sobre Bioética en la región Latinoamericana y del Caribe y perfilar cuales serían algunos de los temas que interesarían particularmente a la región.

El embajador Juan Manuel Gómez Robledo se cuestionó en su colaboración si será posible construir acuerdo entre los Estados de la región que acusan profundas diversidades culturales, religiosas y socioeconómicas con diversos intereses y diversas ideologías imperantes.

Por otra parte, el recientemente fallecido Héctor Gros Espiell argumenta a favor del regionalismo porque éste sirve, en su opinión, para resaltar las tradiciones culturales, los convencionalismos y las costumbres ancestrales que operan en las diversas realidades regionales y justifica la eventual existencia de un instrumento regional intergubernamental referidos a la bioética. Sin embargo, propone que tal no debe constituir una violación o contradicción esencial a los criterios de carácter universal. “Se trata de marchar hacia el horizonte universal desde puntos de partidas con especiales características” expuso García Ramírez en su colaboración.

La discusión está abierta y este fue uno de los fines propuesto con la organización del Coloquio y ahora con la presentación del libro. Para avanzar en el debate deben seguirse acciones concretas. Instancias como la UNESCO o las Comisiones de Bioética de la región podrían ser las adecuadas para dale seguimiento a la propuesta. Sin embargo, deberá ponerse especial atención a que la misma no sea desvirtuada por una negociación mal encaminada ni que sea capturada por grupos políticos o de una determinada ideología, sea de ciertos grupos o de los gobiernos en turno.

El Coloquio de 2007 y ahora la presentación del libro “Hacia in instrumento regional interamericano sobre Bioética” confirman la vocación del interés del Instituto de investigaciones Jurídicas en la investigación y difusión de los temas que preocupan a la sociedad, tanto a la mexicana como a la internacional.