Dr. Raymundo Canales de la Fuente

Enero de 2007

El quehacer cotidiano del médico está sujeto a muchos imponderables, derivados tanto de la interpretación que el paciente y el médico hacen del lenguaje y del significado de las palabras, así como de una cantidad infinita de eventos biológicos y psicológicos que no están bajo control de ninguno de los personajes descritos.

En un afán bondadoso de llegar a lo mas aproximado a la “verdad” del padecer del enfermo (que no necesariamente es una enfermedad de acuerdo con A. Kraus) el médico está obligado por principios éticos, a interrogar de manera exhaustiva y hasta donde sea necesario, para poder establecer una presunción diagnóstica, que se complementará con la exploración física y con los estudios de laboratorio y gabinete que considere prudentes. Una vez que se establece el diagnóstico se procede, en condiciones ideales, a efectuar un tratamiento.

A lo largo de éste camino, dicho interrogatorio puede incluir invasiones muy delicadas a la vida privada de quien en ese momento es su paciente, y digo “muy delicadas” porque en caso de que esa información trascendiera, podría incluso terminar con familias, relaciones filiales o de muchas otras índoles, lo que necesariamente implica un deber ético incuestionable del médico en el sentido del resguardo y aseguramiento de dicha información. De hecho sorprende que no esté tutelado ese deber explícita, clara y suficientemente por nuestras leyes.

Mucha tinta se ha gastado hablando del conflicto que se genera cuando la información incluye la comisión de un delito y la posibilidad de que alguna persona continúe violando la Ley en cuanto a los deberes del médico, en vista de que pueden existir terceros perjudicados, pero aquí agregamos un conflicto previo: supongamos que esa información no era necesaria para la obtención de un diagnóstico ni para articular un tratamiento adecuado ¿es ético entonces el proceder médico? ¿no se está convirtiendo entonces en una extensión de la autoridad investigadora? ¿no tendría que avisarle al enfermo previamente a su interrogatorio que la información podría ser transferida a las autoridades?

Dicho conflicto previo se hace todavía mas patente cuando hablamos de conductas respecto de las cuales no toda la sociedad está de acuerdo en considerarlas delictivas, y en ésta ocasión hablo de la reunión del ColBio con ANDAR en relación con del delito de aborto y el secreto médico.

Hay una cantidad muy amplia de razones francamente válidas, que nos hacen pensar que el aborto, a pesar de ser un fenómeno indeseable, no debería ser un delito castigado con cárcel y perseguido por la policía, porque finalmente no se previene de esa manera; hay que buscar otras estrategias para prevenirlo, entonces el conflicto se agudiza, y voy a recurrir a un ejemplo de la práctica obstétrica cotidiana, que me puede servir de ejemplo a pesar de que como bien dijo en nuestra reunión el Dr. Pérez Tamayo, las experiencias personales no sistematizadas ni escritas pueden ser una fuente poco confiable para llegar a conclusiones válidas, pero en éste campo es difícil sistematizar experiencias en vista del carácter delictivo de las conductas implícitas.

Es un hecho frecuente que acudan a los servicios de urgencias de los hospitales públicos, mujeres con abortos incompletos y que al interrogarlas contestan que la pérdida del embarazo ocurrió espontáneamente. El médico entonces efectúa una exploración, toma los exámenes pertinentes y el ultrasonido necesario para proceder, en caso de que no exista mayor complicación, a la evacuación uterina de los restos de tejido que pudieron haber quedado en el interior del útero y no es sino hasta ese momento, con la paciente en quirófano y bajo sedación donde el médico se da cuenta de que existe alguna evidencia de que el aborto fue provocado. La evolución posterior de la mayoría de éstas mujeres por fortuna es favorable y se egresan del hospital en un plazo muy corto de tiempo sin existir francamente ninguna diferencia en cuanto a la evolución posterior del evento. Entonces cabe la pregunta: ¿era indispensable la información? En la mayoría de los casos la respuesta es negativa, entonces ¿es ético insistir en la obtención de la misma?. Por supuesto hay casos en los que podemos sospechar alguna enfermedad general que amerita estudio o tratamiento cuando hay dos o mas pérdidas de embarazos consecutivas y espontáneas, pero en general aquí se trata mujeres que acuden con otro tipo de demanda de atención, en otras circunstancias, o cuando existe evidencia de algún acto quirúrgico en condiciones inadecuadas que potencialmente pueden causar una complicación grave es imperativo conocer las circunstancias, entonces no estoy aquí por hacer una defensa de la historia clínica incompleta sino solo de evitar tomar o escribir en el expediente de una mujer (en ausencia de complicaciones) alguna información cuando no podamos garantizar su absoluta confidencialidad y/o cuando no sea por completo indispensable. Probablemente sea de utilidad que el interrogatorio, en la medida de lo posible, sea mediante un cuestionario de auto llenado y con la advertencia de que la información vertida en ese documento podría ser objeto de alguna investigación por parte de las autoridades, por lo menos mientras el avance democrático del país provoque finalmente la desaparición de esa inútil figura delictiva del aborto.