Dr. Ricardo Tapia

 Diciembre de 2005

Cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide se forma el cigoto, célula única que empieza a dividirse en las Trompas de Falopio. Después de un lapso que puede durar entre 5 y 8 días, mediante una serie de divisiones sucesivas se forma el blastocisto, que es una estructura de aproximadamente 120 células. El blastocisto así formado aún no se ha implantado en la pared del útero y no hay ninguna diferenciación de las células troncales que se encuentran en su interior y que darán origen al embrión. Es decir, todas las células son iguales entre sí y pueden generar todos los tipos celulares del organismo. Como se argumenta en los siguientes párrafos, desde el punto de vista científico y biológico no hay ningún argumento válido para que el cigoto o el conjunto de células que constituye el blastocisto puedan ser considerados personas.

Los opositores a la anticoncepción de emergencia y a la clonación terapéutica y al uso de los cigotos sobrantes de la fertilización in vitro argumentan que el blastocisto, y aun el cigoto, adquieren el carácter de personas y por lo tanto no pueden ser usados para ningún fin que implique su destrucción, pues sería lo mismo que un aborto o un asesinato. Este argumento de que el cigoto o el blastocisto son personas está basado en: 1) creencias religiosas (lo que dice Dios y la incorporación del “alma” al cigoto), o 2) en el razonamiento de que el cigoto y el blastocisto contienen el genoma humano completo y por lo tanto son seres humanos en potencia.

Es claro que las creencias religiosas, como la idea de que en el momento de la fecundación Dios implanta el alma y por lo tanto el cigoto es ya una persona con dignidad humana, no tienen cabida en la ciencia, que se basa en razones, no en creencias ni en cuestiones de fe. Por esto, el Vaticano y quienes defienden la idea de que el cigoto y el blastocisto son personas no la usan y prefieren acudir al segundo tipo de argumento, el de la presencia del genoma humano completo, y por tanto individual, de cada cigoto. Sin embargo, biológica y científicamente es imposible considerar al cigoto, al blastocisto o a la masa celular de células embrionarias como una persona, por las razones siguientes:

1. El blastocisto no implantado en la pared del útero no tiene absolutamente ninguna posibilidad de desarrollarse para constituir un organismo con tejidos diferenciados, pues para ello requiere de la aportación nutritiva y hormonal de la mujer.

2. Considerar al cigoto, al blastocisto o a la masa celular de células embrionarias como una persona, porque tiene un genoma completo que puede generar un organismo, implica que cualquier célula o conjunto de células del adulto, cuyo material genético potencialmente es también capaz de dar origen a un organismo completo mediante la clonación reproductiva (como en el caso de la oveja Dolly y de muchos otros mamíferos que han sido clonados), es una persona. Esto implica por lo tanto que cada vez que se pierden células de cualquier parte del cuerpo, de manera natural como la descamación de la piel, o por una operación quirúrgica como la extirpación de la vesícula biliar, se están destruyendo millones de personas. También implica que al realizar transplantes de órganos entre personas vivas, como en el caso del riñón, se están introduciendo unas personas en otras.

3. Como ni en el cigoto ni en el blastocisto hay diferenciación celular, no se ha formado ni siquiera un primordio o vestigio de tejido nervioso. Científicamente es inconcebible hablar de una persona cuando no hay sistema nervioso.

4. Un embrión aún no implantado puede dividirse y dar lugar a dos organismos completos, como es el caso de los gemelos idénticos, que por eso comparten los mismos genes (de hecho son clones uno de otro). No hay, por lo tanto, individualidad genética en el cigoto ni en el blastocisto.

5. Durante la procreación por el procedimiento sexual habitual se pierde un alto porcentaje (entre el 20% y el 50%) de los óvulos fecundados, que no logran implantarse en el útero, y que se registran simplemente como retrasos en la menstruación. De acuerdo con los defensores de que los cigotos y los blastocistos son personas, es claro que esta procreación natural conlleva una alta destrucción de “seres humanos”, por lo que habría que prohibirla por constitutir un problema de salud pública de proporciones epidémicas. Además, en ninguno de estos casos hay luto ni rituales de enterramiento o cremación por los cigotos o los blastocistos perdidos.