Dra. Asunción Álvarez del Río

29 de septiembre de 2014

Del 17 al 20 de septiembre, se celebró en Chicago el vigésimo congreso de TheWorldFederationof Rightto Die SocietiesWFRtDS(La Federación Mundial de AsociacionesDerecho a Morir) con el tema “Dignidad. Control. Elección”.

Final Exit Networky ERGO EuthanasiaResearchGuidanceOrganizationfueron, respectivamente, la sede anfitriona y la organización patrocinadora. Representantes de asociaciones de países de todos los continentes como Holanda, Suiza, Bélgica, Francia, Reino Unido, Alemania, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Colombia, Canadá y Estados Unidos se reunieron para intercambiar experiencias, discutir estrategias y responder preguntas con el fin de avanzar en el objetivo común de hacer posible que las personas puedan morir plácidamente cuando decidan que no quieren vivir con un sufrimiento que consideren intolerable.

La función principal de todas estas asociaciones es ofrecer a sus miembros la información y apoyo necesarios para tener control sobre el final de su vida. El primer paso para evitar sufrimiento en esta etapa es suspender oportunamente tratamientos que ya no benefician a las personas, pero sí pueden añadir dolor y otros síntomas, todo lo cual se traduce en mayor deterioro físico y mental. Al suspender tratamientos, las personas deben recibir atención paliativa para disminuir en lo posible sus síntomas físicos y psicológicos. De esta forma, la mayoría de las personas pueden vivir razonablemente bien hasta que mueren, pero en ocasiones los cuidados paliativos (que en muchos países están insuficientemente desarrollados) no pueden aliviar el sufrimiento;de ahí la preocupación legítima de muchas personas de tener la posibilidad de adelantar la propia muerte. Unas porque ya están viviendo una situación intolerable y otras porque saben que podrían vivirla en un futuro.

La eutanasia (la acción con la que un médico causa la muerte de un paciente que pide ayuda para morir) y el suicidio médicamente asistido (la ayuda del médico de proporcionar los medios para que el paciente pueda morir) deben considerarse salidas de emergencia,las cuales no se crean para utilizarse a menos que sean necesarias, pero más vale contar con ellas que cuando se requieren. Sin embargo, estas opciones de terminación de vida que se dan en el contexto de la atención médica están permitidas en muy pocos lugares. La eutanasia lo está en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Colombia y la provincia de Quebec en Canadá. El suicidio médicamente asistido en los mismos países europeos,en Quebéc y en los estados de Oregon, Washington, Montana, Vermont y Nuevo Mexico en los Estados Unidos. Una situación especial es la de Suiza en donde está permitida la ayuda al suicidio sin restringirla al contexto médico, siempre y cuando la ayuda no se dé por motivos egoístas y se compruebe la competencia mental de la persona que quiere morir.

Frente al panorama de prohibición de opciones para adelantar la propia muerte que predomina en el mundo, las asociaciones escogen diferentes estrategias para apoyar a sus miembros difieren. Para unas, lo fundamental es promover cambios legales en sus países para que la muerte médicamente asistida sea permitida; mientras esto sucede, cuidan que las acciones de apoyo a sus miembros se apeguen a la ley. Para otras asociaciones, lo prioritario es proporcionar a las personas interesadas la información e instrucción necesarias para que ellas puedan causar su muerte por sí mismas, sin depender de la ayuda de un médico, con lo cual sus acciones pueden ir más allá de lo establecido por la ley.

Fue muy interesante la diversidad de temas tratados en el congreso, explicable por las variaciones culturales de los lugares representados y las diferencias en su contexto legal, todo lo cual plantea diferentes inquietudes y necesidades. Varias ponencias trataron sobre los esfuerzos en países como Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Canadá para conseguir cambios legales que permitan la muerte médicamente asistida. Otras tantas sobre el uso de tecnología y estrategias con las cuales uno mismo pueda causarse una muerte segura y sin dolor. Los participantes de Holanda y Bélgica,en donde la eutanasia se aplica legalmente desde hace años, hablaron de los temas de discusión actuales en sus países: la eutanasia para menores, para enfermos con demencia, para enfermos psiquiátricos y para personas de edad muy avanzada que no padecen una enfermedad que les cause un sufrimiento intolerable, pero sí una suma considerable de problemas físicos que deterioran notablemente la calidad de su vida. Completedlife(una vida completa) es como se ha designado en Holanda esta última situación y es la causa en torno a la cual en el Reino Unido se formó SOARS. Societyfor Old AgeRational Suicide (Asociación para el suicidio racional en la edad avanzada).

Los participantes de las asociaciones suizas explicaron que trabajan con mucha libertad gracias a las políticas liberales de su país, con las que están de acuerdo la gran mayoría de la población. Además de las dos asociacionesExit(una para ciudadanos suizos de habla francesa y otra para ciudadanos de habla alemana), participó Dignitas aclarando muchas dudas relacionadas con la ayuda que brinda a extranjeros que solicitan su ayuda para morir, lo mismo que LifeCircle, una reciente asociación que también recibe a  extranjeros y que habló de una ayuda muy poco frecuente y muy especial: el suicidio asistido a parejas de edad muy avanzada y enfermas que deciden terminar juntas su vida.

Al escuchar a los participantes de Suiza, Holanda y Bélgica se siente una combinación de admiración y envidia por la forma en que en estos países se respalda la autonomía de las personas para decidir el final de su vida. Sin duda se trata de países muy diferentes al nuestro, en primer lugar porque han logrado cubrir satisfactoriamente las necesidades de atención médica de sus habitantes. Si uno se compara con ellos, parece imposible aspirar a conseguir que en México se respalde la libertad de las personas para elegir el final de su vida. Sin embargo, es alentador conocer la situación de Colombia, un país más cercano a México, también con una población mayoritariamente católica, un obstáculo importante porque la Iglesia Católica ha satanizado la muerte asistida y hace todo lo posible por evitar que se permita en cualquier país (desde luego no todos los católicos piensan como el Vaticano y hay teólogo que defienden la opción de la eutanasia). En este país sudamericano, por una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de 1977, los médicos pueden aplicar la eutanasia, aun cuando no ha sido aprobada una ley para regularla.Es interesante saber que la intención de quien llevó el caso a la corte era extender la pena del homicidio por piedad que era de tres años, y para sorpresa de todos, la corte decidió que esta acción, que corresponde llamar eutanasia, debía eximirse de pena si se daban ciertas condiciones.

Durante los días en que se celebró el congreso, activistas pertenecientes al grupo NotDeadYet(que se traduciría como “Todavía No Muertos”) que defiende los derechos de los discapacitados, se manifestaron para expresar su rechazo al congreso. Estuvieron coreando durante horas “wedon’twantyour suicide”(no queremos su suicidio), como si la intención de los asistentes al congreso fuera que ellos se suicidaran. Nada más lejos de la realidad, pues lo que se defendía en el congreso era que todas las personas que lo deseen puedan decidir el final de su vida. Para algunas, la razón será el sufrimiento que les causa su discapacidad, como es el caso de muchos enfermos con esclerosis lateral amiotrófica, pero eso no significa que se espere la misma decisión de todas las personas que padecen discapacidad. Los individuos quieren diferentes cosas en la vida y esto incluye su final, y el reto de las sociedades es aceptar la diversidad de preferencias y lograr que las políticas públicas respalden las decisiones de todos los individuos, siempre y cuando estas no afecten a terceros. Es importante que grupos activistas como estos entiendan que la opción de la muerte asistida no es para quienes no la quieren, y el hecho de que otras personas sí la quieran, no les afecta a ellos.

No debería ser tan difícil que las personas contaran con la tranquilidad que da saber que si llegan a necesitarlo, pueden decidir cómo y cuándo morir de la mejor manera. Pero en la mayoría de los países queda mucho por hacer. Es el caso de México en donde está pendiente una discusión en la que participe la sociedad, en primer lugar para que entienda en qué consisten las opciones en el final de la vida y aclarar muchas ideas mal entendidas sobre lo que es la eutanasia. Lo cierto es que ahora mismo existen,en nuestro país,muchas personas que quisieran contar con más información y apoyo para tener el control sobre el final de su vida y no tienen a quién acudir. No tienen el privilegio de conocer a un médico o a otra persona de su confianza con quien puedan discutir todas las opciones de terminación de vida, incluyendo las que por el momento son ilegales. México también necesita una asociación que responda a esta necesidad y que promueva los cambios legales que respalden todas las opciones para que todas las personas puedan elegir el mejor final de vida desde su perspectiva. Esperemos que pronto la haya y esté lista para participar en el próximo congreso de la WFRtDSque se realizará en Holanda en 2016.